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Revista electrónica de la Sala de Lectura del CECUT

14 noviembre, 2006

La imaginación bifronte en narrativas norteñas: reescritura del cosmopolitismo y la nación - Jungwon Park

1.
En El jardín de senderos que se bifurcan, Borges da cuenta que cuando uno elige un camino, se encuentra totalmente diferente de lo que hubiera tomado el otro. Es decir, una decisión de cada momento le lleva distinta temporalidad en el mismo lugar no teniendo otra experiencia al mismo tiempo, puesto que el tiempo es irreversible y transitorio.

Sin embargo, la globalización nos reta a vivir simultáneamente junto con diversas temporalidades. Es por eso que no se puede pensar un local sin considerar fenómenos contemporáneos al nivel mundial. Cada lugar se convierte en encrucijada donde transcurren múltiples dimensiones conforme a la posición localizada en el mercado mundial y a la demanda del capital multinacional.

La zona fronteriza parece que esta tendencia está actualizada en manera altamente marcada y delirante por su condición geopolítica. En este sentido, el noroeste mexicano se ha denominado como laboratorio de la nuestra contemporaneidad, en particular, el laboratorio de “postmodernidad”. Lo que vimos, pero, es la alta presencia de la soberanía estadounidense: el reforzamiento del muro con alta tecnología, la discriminación ante los migrantes en nombre de la seguridad nacional y guerra contra terrorismo, los cuales se niegan a definir nuestro tiempo como post nación, sino que aun vivimos bajo el sistema del estado-nación con la distribución desigual del poder entre los países, relacionado de manera en plena complicada con la capital global.

Por otro lado, como argumenta María Socorro Tabuenca Córdoba como “two borderism”, el norte ha sido representado como el límite, margen, desde la perspectiva centralista que le imponía disciplina del nacionalismo suponiendo que la gente norteña es la menos mexicana que los otros. En el discurso de mexicanidad, no deja de ser un fragmento sospechoso que debe ser integrando dentro de la unidad. A pesar de pertinencia al territorio mexicano, no se encasilla completamente dentro del discurso nacional, por la cual sería distinta de los cánones que representan identidad colectiva su nacionalismo como percepción o (in)consciencia para conllevar su propia comunidad imaginada.

En este sentido, el norteño más bien lleva carácter específico y singular como márgenes de los ambos lados: impactado por la militarización del muro, por uno lado; enajenado por la centralidad de Nación mayúscula, por el otro. Se han destacado diversos problemáticos así como migración, maquiladoras, violencia, entre ellos, antes que se materializan en otras partes del mundo. Entonces, ¿cómo se definiría la imaginación cultural y popular de esta región?, y ¿en qué manera se concibe en las narrativas?

Para comprender esta zona fronteriza, hay que tener en cuenta que el mundo moderno siempre ha sido tanto nacional como internacional, lo que genera la fusión de los elementos bastante heterogéneos y, al mismo tiempo, conflictos y tensiones entre ellos. De esta manera la región noroeste no es punto bifurcado sólo a lo nacional, ni al internacional, sino que concibe ambas imaginaciones como lugar de convergencia exhibiendo la dimensión tanto global como local simultáneamente, lo que enfrenta conceptos tradicionales, modificándolos y transformándolos en el cartografía transnacional.

Al respecto, voy a argumentar obras de Élmer Mendoza, Humberto Crosthwaite entre narrativas norteñas con el tópico de cosmopolitismo y nación: son ideas contradictorias e incluso opuestas, sin embargo paradójicamente han coexistido y sido considerados como conceptos nuclearios a lo largo del mundo moderno. Bajo las situaciones mencionadas, lo que me interesa es cómo se convergen o divergen las dos ideas en la narrativa norteña, y cómo los configuran en sus imaginaciones.

2.
El cosmopolitismo expresa el ideal del mundo global en donde los ciudadanos puedan hacer viaje más allá del territorio de su local y país sin problema, así que la ciudad se convierte en espacio para toda la gente que viene de distintos lugares. Ante el concepto clásico del cosmo-polis, El amante de Janis Joplin de Élmer Mendoza da cuenta de la sombra de esta travesía: a través de recorrer al llamado mundo narco, las realidades transnacionales del norte mexicano a Los Ángeles se presentan como entidad de violencia tanto del Estado como de los narcotraficantes que emergen como nuevo poder institucional. Por ello pone de relieve el “miedo” como elemento fundamental del mundo contemporáneo. A su vez reproduce el terror en la vida cotidiana, lo que revela la terrible jerarquía ocultada en la metáfora de ser ciudadano a quien se le supone admitir cualquier viaje, en donde los sujetos, de hecho, se les imponen hacer fuga como los extraterrestres abandonados y desamparados por todos los lados.

Con el toque del humor negro y de la subcultura, Mendoza contradice la “vida desnuda” con el “ciudadano mundial”, de manera que sus aventuras peligrosas, en realidad, no son otra cosa que la vulnerable cotidianidad con la cual se le atrapa al sujeto en la telaraña del riesgo de ser Otro inclusivamente exclusivo entrando y saliendo del flujo de la violencia, y a la vez esa subjetivización hace del mundo que no se explique con la historia oficial del sistema legal.

No cabría duda de que su imaginación es periférica, pero no en el sentido de comparación con el centro, sino más bien, más allá de la relación dicotómica entre centro y periferia, EEUU y México, la novela logra configurar el mapa periférica cruzando la frontera desde la perspectiva de la vida desnuda: o sea otra forma geocultural del transnacionalismo.

Este mapa, a contrapelo de él de los turistas con pasaporte o papel, cuestiona la trayectoria del cosmopolitismo de manera implícita: a pesar de su ideal, el cosmopolitismo no deja de haber sido un proyecto universal que escribe e involucra una comunidad desde arriba sin tomar en serio realidad heterogénea de la sociedad civil. El viaje, mejor dicho el fuga, de un muchacho sinaloense insinúa su límite reconfigurando el mapa de las realidades con rescate de las heterogeneidades sociales.
3.
Por otro lado, las ideas de identidad y las reflexiones de identificación nacen “fuera” al encontrar el Otro fuera de su grupo o comunidad. En este sentido, experiencia tanto imaginaria como real de “cruce y regreso” genera nueva sensibilidad y conciencia con las que se construye y reconstruye su identidad personal y colectiva. Crosthwaite, a través de devenir fronterizo, se ha considerado como uno de los primeros autores que se dedican a configurar nueva imagen de la comunidad y su gente, en particular especializado a clase popular.

Primero, la represtación del lenguaje pone las normativas en crisis y busca un nuevo canon lingüístico que corresponda a su vida cotidiana. Barrios, clases, idiomas y formas de nombrar y apropiarse del mundo como cholos, yuniors, chota, cholas adjudican elementos características de su propia cultura como proceso de identificación. Dentro de su barrio, a pesar de identificación idiomática, cada persona se aislada de los otros sin dejarle que tenga comunicación con ellos, y su lenguaje común no logra cristalizarse al grado de deseo comunitario. Entonces, debido al odio y discriminación entre ellos, la comunidad de los cholos que por lo visto parece homogénea, pero que en realidad es contradictoria con carencia colectiva vulnerable.

La única chispa que ha hallado para tener y poseer en común llega con el impacto causado por la muerte de una muchacha del barrio después de la violación por un muchacho gringo. La novela se desarrolla a través de la reacción y venganza por el protagonista y la defensa colectiva para él como los cómplices ilustra la identidad condensada por incesante amenaza en la fuerza exterior y por la ignorancia por su institución. El proceso de llegar a conclusión incluye violencia de manera dura y brutal, sin embargo, lo que me llama la mucha atención es el modo omiso de narrar en el que ese asunto se describe tibia y opaca a la manera que cada acto y diálogo se presentan fragmentados y destrozos. Por esta razón, la novela, a pesar de mostrar la sensación solidaria, no logra llegar a un momento unitario, y así se termina sin insinuar ninguna potencial del futuro.

La nación moderna, como la “comunidad imaginada” argumentada por Benedict Anderson, supone una identidad unitaria impuesta a través de homogeneización y su hegemonía en su sociedad. Por ello, se ha mantenido el incesante proceso de inclusión y exclusión dentro de la comunidad. Ante la circunstancia en que se expone a la exterioridad estadounidense, Gran Preténder da cuenta de hambre y deseo de reconstruir el barrio como su identidad colectiva, la cual pone de relieve que el ser no remite a la esencia, sino a la relación. No obstante, a la vez, implica que su intento resulta fracasado y, por fin, imposible de hacerlo sólo dejándole las huellas de su lenguaje incomunitaria y memoria fragmentada. Por la misma razón, en cambio, profundiza el problemática de la identidad periférica e ilustra una comunidad no confundida con uniformidad, digamos que una comunidad hace bascular las paradojas de la igualdad y de la diferencia, de la interioridad y de la exterioridad, de la transparencia y de la opacidad.

Para terminar, quisiera recordar la condición norteña: la periferia de doble sentido tanto por la soberanía estadounidense como por el centralismo mexicano, lo que le empuja engendrar fuerzas que puedan reinterpretar el proyecto universal de los ambos y llevarle a concebir nuevas imaginaciones.